PRIMER PREMIO -GRUPO AVANZADO-SABADELL BALLA ORIENTAL

sábado, 1 de diciembre de 2012

"Esos senderos de danza"

Hoy llego tarde, mi hermano se quedó dormido y me ha dejado con 10 minutos de retraso en la escuela de danza de mi pueblo. Cuando entro en el vestuario todas mis compañeras ya están posicionadas en el centro de la clase, con el cuerpo totalmente erguido y el trasero perfectamente colocado, parecen la guinda de un pastel, todas vestidas con tutu rosa y medias color malva y con las zapatillas de puntas perfectamente acordonadas a los tobillos.

Me toca cambiarme a la velocidad de la luz, pues la maestra se enfada si llegamos tarde "disciplina" dice. A toda prisa logro colocarme las incómodas medias, el tutu y las zapatillas de punta ¡horror! me dejé el protector de los dedos…así que improviso unos algodones para proteger un poco los dedos y por fin entro en clase.

Hoy toca estiramientos ¡qué miedo! Nos sentamos todas en círculo y la maestra va pasando una por una para "ayudar" a estirar esas partes del cuerpo que todavía no se han acostumbrado a tener elasticidad. Es un momento duro, pues cuando no puedes más ¡zas! la maestra te pega un tirón más fuerte, aún no se como nadie se lesiona supongo que la edad, once años, y la profesionalidad de la docente crean el milagro. Aunque a mí esa situación me supera, no consigo acostumbrarme a este sufrimiento. Suerte que solo es un día a la semana.

La secretaria entra en clase a toda prisa con una sonrisa nerviosa y unos ojos de búho gritando ""¡ya ha llegado el vestuario!"" y todas nos miramos entre sí con los corazones a mil por hora y olvidando por completo la dureza de la clase ¡¡habían llegado los trajes del festival de fin de curso!!. Ese año interpretábamos "el lago de los cisnes" y la ropa era de sueño, éramos muchas cisnes danzarinas y me pareció estar en un cuento ¡qué maravilla!

La clase perdió toda disciplina y seriedad y se convirtió en un hervidero de gritos emocionados y ropa voladora, nadie era capaz de parar esa marabunta emocional e infantil.
***
Ando por el callejón empedrado y gris que lleva al casino, donde un bellísimo teatro espera la aparición de las pequeñas artistas. Mi madre me ha hecho un moño perfecto, es peluquera y sabe lo que hace, y mi pelo luce negro, brillante y perfecto. Hasta me ha dejado pintarme un poquito los ojos y los labios, parezco mayor pero me gusta.

Cuando subo las escaleras de mármol que llevan al vestuario, y me invade el olor a teatro, a la ropa de las cortinas, al suelo de madera del escenario, al material de las butacas antiguas… me doy cuenta de que mi estómago está en plena fiesta, como si hubieran cientos de bailarinas girando y girando en él, y mi corazón late más fuerte que de costumbre.

La emoción hace que me vista de cisne muy rápido y me muero de ganas de que mi madre me dé el toque final "la corona de cisne" una corona plateada brillante con unas plumas blancas, es preciosa, me siento como la reina bella de un cuento de hadas. Cuando termino de atarme la última zapatilla nueva, que luce blanca y brillante como una perla, suspiro. Ha llegado el momento.

Mientras espero ordenadamente y en silencio detrás del escenario, me pregunto cómo puedo aguantar las ganas que tengo de gritar y saltar de alegría, y es que la danza, en cualquiera de sus modalidades, es dura pero también es maravillosa, con once años, o con cien. La emoción que se vive en ese momento es como un mago que hipnotiza el alma…. jamás se esfuma…. siempre permanece sin edad, sin raza, sin condición…. y los que bailamos, en ese preciso instante…… tocamos al mismo cielo.
 
 

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