PRIMER PREMIO -GRUPO AVANZADO-SABADELL BALLA ORIENTAL

miércoles, 3 de octubre de 2012

"esos negros ojos rasgados...."

Aún no entiendo que hago aquí, tumbada encima de mi velo de seda blanco, vestida con esa curiosa túnica carmesí que cogí al vuelo cuando se le cayó a aquel comerciante nómada que iba en su camello con tanta prisa....pero aquí estoy, mirando al horizonte de este bello desierto con mil estrellas observándome y con este olor a vida, con la esperanza de verle otra vez, a él, de ver esos negros ojos rasgados que hicieron que mi mundo dejara de ser mundo durante unos bellos instantes...........





Todo empezó un soleado día de primavera, cuando le conocí... sus bellos ojos me dieron un soplo de paz y serenidad y su porte y elegancia hicieron que la tierra dejara de girar por unos instantes.

Allí estaba él, de pie, observando las flores que colgaban de las blancas paredes del callejón, oliendo las rosas rojas y blancas que caían de los balcones, sonriendo al mundo...quería parecer relajada pero no pude evitar que unas cosquillas emocionadas recorrieran todo mi cuerpo, estaba viendo al ser más maravilloso que había visto en mi vida. Perdí la noción del tiempo. Y me miró, nuestros ojos se cruzaron en un mágico momento que jamás olvidaré. Cogí aire mezclado con esa esencia que desprenden las flores y me acerqué a él, su sonrisa era sincera y un regalo a mis sentidos.

Nos cogimos las manos lentamente y escuchamos el sonido de un lejano tambor que nos llevó instintivamente a contonearnos al ritmo de la música, nuestras sonrisas afloraban en los labios y nuestros ojos iluminaban aún más que el intenso sol que brillaba ese día. El tacto de su piel era suave y nuestra danza improvisada dejó sin aliento a aquellos hombres veteranos de amor y experiencias que se hallaban sentados en aquel banco de piedra.

La vida me premió con ese momento que jamás olvidaré. Después de ese baile, nuestros dedos fueron despegándose uno a uno y separamos nuestras manos lentamente suspendidas en el aire, y nuestras almas supieron, que aunque solo hubiera sido durante ese inolvidable baile, fueron almas gemelas..

Mi corazón me llevó al desierto, desnuda de sentimientos y con el deseo de tumbarme encima de mi velo blanco...observar el cielo estrellado y pensando....”aún no entiendo que hago aquí, tumbada encima de mi velo de seda .....con la esperanza de ver de nuevo esos ojos negros rasgados....” y con el deseo de unir nuestras almas para toda la eternidad.


SEGUNDA Y ULTIMA PARTE


Dormí durante horas, con un silencio que me permitió oír mi respiración y los intensos latidos de mi corazón. Cuando el sol asomaba en el horizonte me acerqué al oasis que tenia a escasos metros de mí, lavé mi cuerpo a solas, tomando conciencia de cada gota de agua que me regalaba el desierto, disfrutando de ese momento, y pensando... no lograba quitarme de mi mente esos ojos negros, y sonreía cada vez que recordaba el baile más misterioso y envolvente que se había cruzado en mi vida.
Poco a poco fueron llegando las mujeres del lugar a llenar de agua los cántaros de barro que llevaban con mucha gracia en su cabeza. Era una fiesta de feminidad, cada movimiento, cada paso que daban al pisar la arena, cada vez que se alejaban con un brazo en jarra y el otro aguantando el recipiente...todo parecía un baile improvisado...en el que las más portentosas lograban destacar al andar con los brazos libres, sin tocar el cántaro en ningún momento... ¡maravilloso!

Se me ocurrió que quizás alguna de ellas podría darme información sobre ese hombre misterioso que tanto me había impactado. Me acerqué a Zahira, era una muchacha de tez morenísima, con unos ojos redondos que me miraban curiosos y unos dientes blanquísimos que se percibían tras una mueca de inocencia y desconocimiento. No supo darme ninguna pista.

Durante años pensé en él, hasta me quedé a vivir por el lugar, con la esperanza de que algún día él volvería. Mi alma sabía que por muchos hombres que pasaran por mi vida, tan solo aquel había sido capaz de despertar en mí todas las sensaciones que un cuerpo puede experimentar, yo sentía que aquello era algo muy especial , un regalo que me ofrecía el universo y que estaba allí, en algún lugar del mundo.

Aquel día me levanté espléndida, mis ojos tenían un brillo especial....luego entendí el porqué. Me premié con un baño de sales de rosas, mi pelo relucía limpio y negro y mi piel tenía un color radiante, hasta me puse un vestido de tirantes, rojo y blanco, largo hasta los tobillos, que adorné con un precioso collar de piedra luna que me habían regalado años atrás. Yo brillaba. No sé el motivo, pero ese día brillaba como nunca.





Un impulso me hizo pensar en aquel banco de piedra donde hacía unos años unos hombres observaban la danza más extraña y bella de mi vida. Así que allí me fui. No había nadie en el lugar, cosa que agradecí pues necesitaba sentarme e intentar recordar porqué llevaba tanto tiempo pensando en él.
Me senté y cerré los ojos y de pronto me envolvió un aroma familiar...¡ eran las flores! las mismas flores que habían adornado con su intensa olor aquel baile, inspiré sonriendo y noté un cosquilleo emocionante en mi hombro derecho.
Alguien estaba rozando mi piel con sus manos....no me giré, sabía que era él, así que me dejé acariciar, pidiéndole al universo que no fuera un sueño, que fuera real.
Sus manos acariciaban mis hombros suavemente, mi cuerpo estaba tan loco que apenas podía respirar, en ese momento olvidé mi nombre, olvidé quien era yo, tan solo sentía sus cálidas manos en mi piel.
Me dejé mimar, dejé que siguiera con su magia, sus manos tocaban mi cuello y yo lo dejaba suave y recostaba mi cuello en ellas pidiéndole más....había llegado el momento de levantarme y verle.

Me levanté suavemente, mirando al frente, sus manos ya no me tocaban, no podía soportarlo, tenia que girarme!!! Dios mío....esos ojos eran aún más arrolladores de lo que yo recordaba. Nuestras miradas hablaron, sin desviarse ni un solo instante, y nuestras bocas sonreían en una mezcla de admiración y amor. Tenía unas ganas locas de abrazarle pero él me cogió de la mano y me llevó a un lugar muy hermoso.

La entrada era como un cuento de las mil y una noches, tenía una arcada preciosa adornada con mil filigranas doradas y cobre y con jazmín que colgaba de muchos rincones diferentes.
Accedimos a un hermoso patio secreto, donde una agradable fuente de agua fresca era la protagonista, y al fondo una bellísima alfombra digna de un palacio nos esperaba engalanada con cojines de colores tierra y fuego, con un extenso repertorio de frutas y de lámparas con cristales de colores.
Nos quedamos a un centímetro uno frente al otro, sin tocarnos, mirándonos directamente a los ojos que tantas cosas nos confesaban.
Él elevó su mano hasta tocar mi rostro, y luego la otra y yo cogí sus manos con las mías y nos fundimos en un beso tan increíble que dudo que exista en el mundo una sensación parecida, toda yo me convertí en emoción. Unas cosquillas fuertisimas recorrieron desde mis rodillas, hasta mi pecho, insistentemente, y cada vez me alteraba más, pero quería disfrutar tanto de ese momento, que conseguí llenarme de paz y asimilar eso tan grande que me estaba ocurriendo.

Sus manos bajaron sutilmente los tirantes de mi lindo vestido y dejaron al descubierto medio torso y la lencería tan especial que me había puesto improvisadamente ese día. Empecé a desabrochar los botones de su camisa de lino blanca, uno a uno, lentamente y sin despegar mis labios de él, no podía despegarme, en cada botón descubría un rincón de su esculpido cuerpo, y me quedaba rato y rato sintiendo el tacto de su piel maravillosa, no había prisa...¿quien tenía prisa ahora?.

Mi vestido cayó al suelo, dejándome desnuda ante esos ojos negros, a lo que yo correspondí haciendo lo mismo con sus ropas. Poco a poco, con nuestras manos tocándonos la cara y dándonos besos, fuimos bajando el cuerpo lentamente hasta tocar el suelo. Nos tumbamos y en ese momento nos entregamos el uno al otro. Yo era solamente suya, y él era solamente mío. No existía el mundo, no existía el universo, no había nadie, ese momento era nuestro, solo nuestro.

Me acariciaba, le acariciaba, nos besábamos por todo el cuerpo percibiendo milímetro a milímetro cada detalle , nos sentíamos mutuamente, nuestro aliento, nuestra pasión, nuestra respiración se volvió una sola y cuando él me hizo suya, el mundo finalmente desapareció del universo, esa emoción fue muy grande y única, el placer que sentimos fue el más intenso que habíamos experimentado jamás, y llorábamos, y llorábamos, pidiéndole al mundo que no nos separara jamás, y unidos estuvimos, horas y horas, horas y horas de confidencias, de besos, de amor, de placer, de miradas con esos ojos negros rasgados.

Tuve una maravillosa intuición aquel día que perdí la respiración cuando le vi.

                                                    
Y estamos sentados frente al mar, con nuestras manos envejecidas pero igualmente bellas, con nuestro pelo blanco brillante, viendo atardecer, entrelazados y recordando los mejores años de nuestra vida y los que nos quedan por vivir.

                                


FIN


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