PRIMER PREMIO -GRUPO AVANZADO-SABADELL BALLA ORIENTAL

sábado, 18 de agosto de 2012

"LATIDOS EN DANZA"

Latidos en danza
Mi abuela Blanca era una preciosa mujer que siempre andaba sonriendo a la vida, vestía muy moderna para su edad y algunas personas pensaban que estaba un poco “alocada”, no entendían que una mujer “mayor” pudiera ser capaz de llevar esa “marcha” danzarina. Cualquier excusa era buena para marcarse un bailecito sola o acompañada, no le importaba, ella era feliz así, y se mantenía muy en forma.

Poniéndose al mundo por montera, ignoraba los comentarios de su círculo de amistades cuando criticaban su ajetreada vida, o cuando comentaban “ay madre” al verla ponerse su gorro de nadadora y alejarse nadando lejos y lejos como una sirena bella entre las aguas.

Yo fui creciendo admirando a esa mujer que tanto sentía, que cocinaba con corazón, que amaba con corazón y que todo lo que tocaba en su vida lo hacía con el corazón, aunque en el fondo, y con mi corta edad, yo pensaba “mi abuela es un poco rara”, pues yo veía que era diferente a las abuelas de mis amigas.

Un día la acompañé a un centro de actividades para gente de la tercera edad, de la que ella era asidua seguidora. Era un día que había una orquesta en directo y los abuelos podían llevar a familiares. Así que no dudé ni un momento en acompañar a mi orgullosa abuela, porque eso lo recuerdo perfectamente, su cara de felicidad al llevarme al baile. Llegamos allí y los primeros piropos hacia mi persona no se hicieron esperar, yo tenía unos 11 años y fui como un aire fresco en la fiesta, mi abuela alardeaba de nieta y yo aún con mi timidez, conseguí dedicar una sonrisa a todos mis recientes “fans” amiguitos de mi abuela.

Nos sentamos en unas sillas dispuestas en semi-círculo y el color de mis mofletes rojos después de tanto piropo “abuelir” resaltaba entre la gente.

La música empezó a llenar la sala, era un pasodoble, nadie salió a bailar. Mi abuela sonrió a algún caballero como invitándolo a salir, pero nada, nadie salía.

Y fue en la segunda canción, donde me enamoré de esa mujer valerosa y rebelde, donde admiré aún más si cabe a esa sabia abuela, que hacía unos segundos tenía sentada a mi lado, y que en ese momento ocupaba sola la pista de baile.

Llevaba unas mallas rojas y un jersey de lana precioso brillante que le llegaba hasta las pantorrillas, ocupó la pista de baile sin más y se marcó un pasodoble sin pareja que dejó con la boca abierta hasta al cantante de la orquesta. Su porte, su sonrisa, su “morro, y su corazón...nos regaló su corazón a todos, y por unos instantes sentí sus latidos con los míos en cada movimiento, en cada mirada, en cada mano, en cada respiración...y tal fue el espectáculo que ofreció, que finalmente el cantante de la orquesta sucumbió a sus latidos y se acercó a ella alegremente para acompañarla y terminar el pasodoble bailando con ella. Nunca la había visto tan pletórica. Fue inolvidable y marcó algo muy profundo en mi.... yo no lo sabría hasta años después, pero acababa de presenciar lo que era ”bailar con el corazón”.

Y cuando voy a ver un espectáculo de danza busco en los artistas encontrar ese ángel que tenía mi abuela, lo busco en cualquier lugar, no solo en un teatro....lo busco en las calles de una ciudad con artistas improvisados, en un escenario al aire libre, en el festival de fin de curso de una escuela, en cualquier situación mi mirada busca encontrar ese artista que baile con el corazón, porque cuando lo encuentras, ese artista se une a ti y por unos instantes eres capaz de alcanzar a escuchar los latidos de su corazón....

2 comentarios:

Lourdes dijo...

Hola, soy Lourdes socia de El club de las escritoras. Recorriendo los blog he llegado al tuyo. Muy bonito. El relato sobre tu abuela es maravilloso, así debemos tomar la vida. Cariños, Lou

dakinigemma dijo...

Gracias Lourdes!!!!! un gran abrazo ;))