PRIMER PREMIO -GRUPO AVANZADO-SABADELL BALLA ORIENTAL

lunes, 30 de julio de 2012

¡ROGELIA!

Rogelia era una agraciada mujer de espectacular melena color fuego adornada con unos rizos que andaban desordenados a su antojo.

Cada día al despertar se miraba al espejo con ojos vivarachos y se repetía a si misma “buenos días mundo, a ver que sorpresas me tienes preparadas para el día de hoy”. Y es que Rogelia tenia un imán muy poderoso para atraer anécdotas a su existencia.

Esa mañana era distinta, se levantó con el corazón acelerado y no había forma humana de calmarlo y todo porque estaba pensando en el taxista de la noche anterior...tal vez si ella no hubiera sido tan tímida se hubiera atrevido a pedirle el teléfono o habría intercambiado más que palabras con ese bombón.

La noche anterior Rogelia había decidido ir de copas con unas amigas. Después de revolver todo el armario en busca de la prenda perfecta para salir y que parecía no llegar nunca, por fin encontró un vestido que le afinaba su dulce figura y encima potenciaba su belleza salvaje. El único inconveniente eran los zapatos de tacón que esperaban ansiosos salir de fiesta con su dueña, pues en contadas ocasiones salían a pasear!!! Pero ese día se volvieron lustrosos alegrándose de llevar a cuestas los perfectos aunque inexpertos andarines pies de princesa de Rogelia.

Como siempre iba con prisa a todos sitios y casi nunca tenía tiempo para dedicarle a sus uñas, se vio obligada a realizar un apaño con urgencia, así es que mientras con una mano secaba su melena rojiza, con la otra y haciendo alarde de una gran habilidad, pintaba sus uñas.

Pero las prisas son malas compañeras, y en su demostración de esas habilidades mujeriles de hacer 10 cosas a la vez, se fue dejando un poquito de color de uñas en cada acción que emprendía. Así pues, su pelo tenia motitas de color de laca de uñas, su vestido hizo asomo de librarse pero finalmente sucumbió al roce del color pegajoso de las uñas de su mano derecha, y su bolso italiano de imitación de dolce & gabanna se impregnó también de un delicioso color rosado.

Corriendo por el pasillo del edificio, pues como era habitual ¡llegaba tarde! Rogelia pulsó el botón del ascensor mientras intentaba infructuosamente limpiar la motita de color de su bolso. Sus manos ofrecían un aspecto pintoresco, con tanto color mezclado y revuelto “suerte que es de noche” pensó.

Andando como si estuviera en la alfombra roja de los oscars, pues la verdad es que era un fastidio andar con tacones, finalmente Rogelia llegó al pub “revolution”, lugar de encuentro de la juventud del lugar y de sus amigas.

Pasó una velada divertida, riendo y riendo sin parar e intentando dominar a sus rizos anárquicos cuando se le metían en la nariz mientras hablaba o bebía.

Tras unas horas de diversión y con gran cansancio en la planta de sus pies decidió irse a casa.

La escena fue de película, con su andar de artista de cine y algún que otro traspiés debido a los puñeteros tacones, Rogelia levantó su bien pintada mano para parar un taxi. La verdad es que paró el primero que pasó por allí, y de la misma emoción aceleró el paso y su tacón izquierdo quiso irse por su cuenta al quedarse totalmente colapsado en una alcantarilla. La reacción no se hizo esperar, Rogelia dio un traspiés y con el pie izquierdo pegado a la alcantarilla su cuerpo se inclinó hacia delante de golpe dándose un barbillazo contra el techo del coche del taxista.

Inmediatamente salió el conductor, un chico de unos 30 años, con cuerpo de gimnasio y sonrisa profident que no dudó en socorrer a esa peculiar joven de melena rojiza.

Rogelia totalmente sofocada y más roja que su pelo le dijo amablemente “no, si yo ya puedo” y cuando retrocedió para quitar el tacón de su viaje improvisado a los bajos fondos alcantarilleros del lugar ¡ras! se le descosió el vestido por la costura de sus posaderas y dio tal respingo vergonzoso que el zapato voló hacia la alcantarilla dejándola huérfana de un pie.

El amable conductor del taxi, aguantándose las tremendísimas ganas de reir, volvió a ofrecerse caballerosamente para ayudarla ¡antes de que hubiese una catástofre! , por lo visto estaba ante una de esas mujeres divertidas y anecdóticas.

Mientras el conductor la ayudaba a despedirse de su zapato, y la acompañaba al coche descalza, no pudo evitar oler su pelo, ese gracioso pelo rojo que andaba alborotado haciéndole cosquillas en su cara. ¡Que bien olía ese pelo!

Rogelia casi quedó sin palabras pues estaban escondidas dentro de su barriga totalmente avergonzadas por todo el espectáculo que acababa de ofrecer, sin embargo permaneció muy atenta mirando a través del retrovisor los ojos tan alucinantes que tenia ese amable y joven conductor.

El destino hizo que se quedaran sin gasolina y que tuvieran que andar una media hora hasta encontrar un surtidor donde llenar una garrafa que les sacara del apuro, pero la verdad es que estaban disfrutando como dos niños de esa situación tan peculiar en la que se encontraban, ella aguantándose con una mano el descosido de atrás y descalza, y él, aguantando como podía la presión que ejercían sus ganas de reír en sus entrañas.

Cuando Clodoveo, que así se llamaba el taxista, dejó en la portería del edificio a Rogelia, le dijo que “invitaba la casa” por todas las molestias ocasionadas, y que había sido un placer conocerla.

Rogelia de nuevo volvió a ponerse más roja que su pelo, y se despidió con su melena al viento y una amplia sonrisa colgate.

Había perdido un zapato, llevaba las uñas más desastrosas de su vida, pero sin embargo había vivido una de las noches más divertidas y especiales de su existencia.

Así que hoy, mientras se miraba al espejo, y le preguntaba a la vida que qué nuevas había para hoy, no podía dejar de reír pensando en ese taxista y en la noche anterior.

Se puso sus tejanos desgastados, esos favoritos que tanto trabajo tenían cada semana, su top rojo pasión y sus bambas victoria, y bajó cual cabra montesa saltando las escaleras hasta la calle.

Cuando se dispuso a cruzar el paso de peatones vio a un apuesto joven , con cuerpo de gimnasio, que la miraba sonriente, con un brazo cruzado en el pecho y el otro totalmente estirado cogiendo con la punta de los dedos un zapato que se movía a derecha e izquierda en una estampa retadora y encantadora.....

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